MI PRIMERA EXPERIENCIA LABORAL (en mayúsculas).

¡Buenos días a todos! Quizás cuando suba esta entrada ya debería decir buenas tardes, pero lo que importa es el saludo, ¿no?

Lo cierto es que cuando abrí mi guarida al público tenía en mente escribir dos o tres veces por semana, pero creo que mi objetivo está algo lejos de ser alcanzado y os voy a contar por qué.

Ya comenté en alguna que otra entrada que iba a comenzar a trabajar…pero no sé si dije también que todavía estoy estudiando. Así es, soy de esa clase de gente. El lunes por tanto, con el atuendo más profesional que encontré en mi armario, salí camino de “la ofi”. Para que os hagáis una idea, mi horario actualmente se divide en clases por la mañana, trabajo por la tarde y el resto de huecos sueltos que me quedan son para dormir/comer/viajar en tren (sí, dormir va primero).

Si lo cuento así parece que está siendo una experiencia agotadora, ¡pero lo cierto es que la estoy disfrutando un montón!

Fuente: tp-link.
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Todo esto empezó hará poco más de un mes, cuando en un portal de empleo colgaron una oferta de trabajo con una larga lista de requisitos de los cuales yo cumplía la mitad (o menos). Envié el CV “por probar” y a las dos horas me llamaron para una entrevista. Al igual que con el CV, acudí a mi entrevista por puro afán de practicar en el arte de ser entrevistado (porque hacerlo bien en mi opinión es todo un arte) y la verdad es que salí con una buena sensación, pero tuve más que claro que ese puesto no iba a ser para mí: el horario no era compatible con mi vida de estudiante. A la semana de tener la entrevista me escribieron diciendo que me habían elegido a mí. ¡A mí! Y por si eso fuera poco, adaptaban el horario a mis necesidades.

Ahí entró en juego el miedo. Era la primera vez que tenía contacto con el mundo laboral, y debo decir que cuando tu vida ha sido puramente académica, eso asusta. ¡Pero tarde o temprano hay que salir de las bibliotecas! Así que al día siguiente, sin pensarlo mucho más, acepté. Por temas de papeleos y festivos mi incorporación se retrasó hasta esta semana.

Vamos a hablar del primer día. A lo largo de mi vida he tenido que comenzar de cero más de una vez (esto ya da para otro capítulo), así que ya tengo más que desarrollada mi técnica para primeros contactos con situaciones nuevas: el primer día me dedico a observar. No hay que hablar mucho, lo justo. Nada de contar cosas personales ni dar información valiosa sobre tus aptitudes profesionales. Simplemente observar. Tantear el ambiente. Eso hice. Uno de mis principales temores era el “no saber qué hacer”. Pero en ese sentido ellos lo tenían todo bastante atado. Una persona se hizo cargo de mí y me estuvo explicando todos los entresijos que consideró apropiados, y así durante los tres primeros días.

Al cuarto día, el jueves, tras encender el ordenador y abrir el correo me encontré con mi primera tarea asignada, que me llevó gran parte de la tarde, pero por fin me dio esa sensación que necesitaba desde que había entrado: la de sentirme útil. Porque ahí dentro se escuchan cosas que no había oído en mi vida y un montón de vocabulario y nombres de clientes cada cual más extraño que el anterior, ¡pero por fin estaba haciendo algo!

Finalmente, llegó el ansiado viernes (creo que nunca había valorado tanto un viernes como lo valoré ayer) y salimos todos juntos, y ahí ya sí que me sentí cómoda como para abrirme un poco más. Una de las cosas que más me preocupaban, aunque os pueda parecer una tontería, era saber cómo actuar socialmente hablando entre compañeros y jefes, pero nuevamente ellos ya lo tenían todo controlado, se comportaron de una forma muy natural, interesados por saber de mí y ¡por empezar a incluirme en sus planes!

Todo lo nuevo asusta y genera incertidumbres, pero he descubierto que siempre, siempre, siempre, una vez que llega el momento de enfrentarse a la nueva situación, ¡lo hacemos mejor de lo que pensábamos!

En cinco días he aprendido mucho, pero también he visto lo difícil que puede ser compaginar la vida laboral con todo lo demás. Así que mucho ánimo a aquellos que empezáis, a los que estudiáis y trabajáis como yo, a los pluriempleados, a los que tenéis niños en casa esperándoos a la vuelta y, sobre todo, a aquellos que estáis buscando empleo. ¡Nos vemos pronto en la guarida!

M.

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