Pedir perdón, aprender de los errores y querer volver a equivocarse.

Parece que ya va a ser costumbre esto de los títulos largos. No soy muy fan, pero cuando te vuelves una “bloguera abandónica” no queda otra. Ni siquiera me convence lo de denominarme “bloguera”. Eso antes estaba guay, te otorgaba un cierto prestigio en el mundo internauta. Hoy en día, tanto tú como yo podemos ponernos aquí a escribir nuestros sentimientos y/o ideas brillantes y sentirnos blogueros…pero bueno, ¡no me voy a ir por las ramas con las etiquetas!

¡Buenos días! Estoy aquí desayunando unas galletas de chocolate y mirando por la ventana, con la esperanza de que el reloj no avance lo suficiente como para que yo tenga que irme a trabajar a ese mundo hostil y frío en el que se ha convertido nuestro país en apenas dos días. Pasamos de la manga corta al abrigo (bufanda, botas y paraguas en algún que otro lado) como si nada. Y así como si nada también han pasado los días desde que no escribo, tantos que hasta WordPress ha cambiado la interfaz…y yo también he cambiado, un poquito al menos.

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Soy una persona reservada, no me gusta mucho mostrarme a la gente, será por eso que por aquí expongo “mi alma” pero ni siquiera os doy mi nombre. Vivo con escudos, mostrando lo justo y necesario de mí misma para que nadie me vea vulnerable ni excesivamente sentimental. Pero esa auto-protección hace muchas veces que la gente se sienta incómoda conmigo, que no puedan ver más allá de mis murallas. La última vez que os hablaba, me quejaba de que “los idiotas con iPhone”, esa clase de hombre por la cual tengo debilidad, sólo se quedaban en la superficie, no querían ir a las profundidades de la gente, no querían conocerme. Y yo pensaba: con todo lo que hay en mí, ¿cómo no van a querer conocerme?

Y entonces caí. ¿Y si soy yo la que no dejo que me conozcan? ¿Y si de tanto protegerme estoy dejando de vivir cosas? Esto último es algo que me aterra. La vida sólo es una y yo me voy a perder experiencias,¿por miedo? ¡Eso no puede ser!

Así que cogí al idiota con iPhone en cuestión, le expliqué todo esto y, como acto excepcional, le pedí perdón por si en algún momento mis barreras habían sido bordes con él. Al principio pareció una buena idea, al chico le hizo gracia…y aquí estoy. No sé mucho más de él…

De tal forma que a lo tonto, deseando que él quisiera saber más de mí, YO he acabado aprendiendo más de mí misma. Lo de las barreras ya lo sabía, pero por primera vez tomé la determinación de hacer un cambio,aunque fuera pequeño, en mi manera de comportarme. No puedo quitarme la esencia, pero sí mejorar lo que vea que me no me aporta beneficio alguno.

Llegados a este punto decidí empezar a centrarme en los aspectos de mi vida que sí van bien: los estudios, el trabajo, esos momentos de tranquilidad absoluta del día…Para mí viajar en el tren y ver los árboles por la ventana, con sus colores de otoño, su quietud, las montañas de fondo, la música en los auriculares…es algo sumamente relajante. Uno de esos pequeños placeres de la vida que no se valoran.

Y en esas estoy, aprendiendo a vivir más sola de lo habitual, pero a la vez abriéndome a la gente que quiere acercarse a mi pequeño mundo, que sorprendentemente, no es poca. Tengo la gran suerte de que en el trabajo el ambiente es muy tranquilo, hay buena gente y de ahí pueden salir buenos amigos.

Ya por último, en cuanto a la parte final del título (“y querer volver a equivocarse”), aparece la gente del pasado. Cuando decimos “basta”, ¿hasta qué punto es efectivo? Si alejamos a alguien de nuestras vidas, lo correcto, lo natural sería no volverle a traer, ¿verdad? Ese debate también anda rondando por mi cabeza desde hace unos días. Todo esto del idiota con iPhone me ha hecho valorar a mi ex pareja, con la cual tengo buena relación todavía y cada vez que le veo y le tengo que dar dos besos en la mejilla (cosa muy curiosa) mi mundo se tambalea. Pero creo que estoy empezando a idealizar las cosas. Si todo hubiera sido tan maravilloso en nuestra relación, actualmente seguiríamos juntos. De verdad que a veces es difícil saber dónde está el límite para no volver atrás en el tiempo y sentir que tiras todo el esfuerzo de la separación por la borda…

Este tipo de entradas no son mis favoritas, pero reconozco que necesitaba escribir estas cosas. Al escribirlas (y luego leerlas) reafirmas tus pensamientos y/o sentimientos y, como ya he dicho en alguna entrada anterior, cierras capítulo.

Y a lo tonto ya me he terminado el desayuno. Nos vemos pronto,

M.

 

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