Experimento social: Tinder y la maldición del grano en la primera cita.

¿Alguien por aquí veía Sex and the City? (Hoy me he levantado snob y no he querido traducir el título al español). Cuando creé este blog, mi idea era no recaer precisamente en escribir el típico artículo de la columna de Carrie Bradshaw en el New York Observer. Y ojo, no porque no me gustara la serie, sino porque me sentía lo suficientemente madura e inteligentísima para tratar temas serios. Vamos, todo lo que no vaya sobre hombres y el amor (y lo que no es amor…).

Y aquí estoy, rompiendo mi propia norma por considerarla actualmente estúpida. Los hombres y el amor no dejan e ser parte de la vida, y por tanto merecen ser tema de conversación.

Hablando de conversaciones…Hace tiempo que no tengo una salida con amigas. Mi trabajo, mis estudios y en resumen, todos los círculos en los que acabo metida, tienen una mayoría (o totalidad) masculina. Y alguna me dirá: “¡qué suerte tienes, jodía!”. Y yo diré: “¡lo sé!”. Pero es que he llegado al punto en el que no sé de qué hablan las mujeres cuando sólo están entre mujeres. Y por eso me acordé de Sex and the City. Imagino que las aventuras con los hombres no son el único tema de conversación, pero no deja de ser divertido. Así que hoy os traigo la mía.

Enfadada por no tener nunca un plan de fin de semana con un hombre joven, apuesto, con buen perfume y voz grave (se me va…) decidí meterme en Tinder, motivada por algunas opiniones de amigos que la valoraban positivamente.

Debo decir que me costó bastante bajarme la App. Y no porque fuera un proceso complicado, sino porque traté de hacerme todo lo digna que pude antes de “caer” en conocer a alguien por Internet…y debo decir que una vez dentro, eso no dejan de ser más que prejuicios absurdos. Internet no es más que un medio, la gente es gente.

También os cuento que he dado con un poco de todo. Hombres que desde el minuto uno te piden una “foto adulta” (con esas palabras), otros que te llaman bonita, guapa, preciosa, corazón y demás pastelerías a los cinco minutos del “hola!”, otros que tienen el detalle de darte avisos desde un principio: “Deberías saber que estoy loco. Por lo demás no vengo con prescripción médica”…y en el fondo, detrás de estas criaturas curiosas, se encuentran aquellos con los que empiezas a hablar y oye, ¡te gustan!

Este ha sido el caso de  S (ya puestos, si a mí me llamáis M, vamos a respetar lo de las iniciales).

Lo que más me sorprendió de S en un primer momento fue su curiosidad. Y ojo, no era curioso del tipo “¿qué llevas puesto?” o “¿qué estudias?”. A S le gustaban los detalles. Quería saber sobre mis viajes, mis mudanzas,  mi trabajo, mis pelis favoritas…todo lo que yo pudiera contarle le parecía bien. ¡Y lo más increíble es que todo le hacía gracia! He descubierto que soy más graciosa de lo que pensaba estos días. Total, entre lo bien que parecía pasárselo conmigo y la motivación que tiene el chico para todo, me convenció para vernos en persona.

Y allá que fui, con un grano enorme presidiendo mi cara. Imposible de camuflar ni con el mejor de los maquillajes. Típico de primera cita, ¿no?

Llegué como media hora antes, de los nervios y buscando un lugar estratégico en medio de una plaza gigante en el que verle llegar sin ser vista. Me lo tomé como una misión de espionaje, matando los nervios a base de reírme de mí misma hasta que el momento del encuentro llegase.

Le vi venir a lo lejos. Era alto, llevaba abrigo largo, azul creo que era, y se parecía al de las fotos…pero bastante más guapo. Me envió un mensaje: “yo ya estoy”. Salí de mi escondite y me acerqué, nos saludamos y pareció como si me conociera de toda la vida. Una energía, una confianza… Fue realmente una situación muy curiosa. ¡Me quitó todo el miedo que traía encima!

El resto de la tarde lo pasamos entre el cine, jardines, miradores…Fue una cita muy cliché pero sacada de un contexto moderno. Ni él ni yo sabíamos nada el uno del otro. Ni siquiera vivimos en la misma ciudad, pero podemos vernos a mitad de camino y compartir precisamente eso, el presente. Sin conocer el resto de nuestras vidas. Quizás eso fuera lo que más me gustó de todo.

¿Al final hubo beso? ¿Volvimos a vernos? Eso ya tendrá que formar parte de otra entrada, ¡decidme si queréis saberlo! 😉

M.

PD: ¡Gracias a almaantigua por nominarme a los Liebster Awards! Mi próximo post lo haré sobre eso.

 

 

 

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