Y entonces dijo basta.

¡Hola! ¿Cómo andamos?

Yo muy contenta de estar aquí de nuevo, ya que mis dos últimas entradas se han salido un poco de lo común y venía con ganas de contar cosas. Muchas cosas. ¡Prepárate un rico desayuno (o más bien aperitivo, por la hora) y vamos a ponernos cómodos en la guarida!

desayuno

La semana pasada fue, sin duda, una de las más intensas a nivel emocional que he vivido en mucho tiempo y necesito escribir sobre ello, así que voy a empezar por el principio: como dije en un post anterior, entre mis pocos propósitos para este año 2016 estaba el de sacarme el carnet de conducir, así que a mediados de enero me apunté a la autoescuela. Me dijeron que en unos 6 meses se podían sacar ambas pruebas (teórica + práctica). Pues bien, yo toda la vida había oído que el teórico de conducir era una tontería y que se aprobaba casi sin estudiar…en cambio yo, que voy a contracorriente, tardé en preparar ese examen un mes y medio. Son preguntas muy lógicas, lo sé, pero pertenezco a ese grupo de personas que ante una prueba de tipo test, como es el caso, creen que debe haber trampa en la pregunta, así que me ponía a pensar demasiado en la posible respuesta y acababa fallando más de las 3 cuestiones que se permiten para sacar el ansiado APTO. Motivada por la falta de tiempo que me estaba ocasionando tanto test, decidí a finales de febrero presentar los papeles para ir a la convocatoria del miércoles pasado, y ¡aprobé! Si, ¡APROBÉ! La fiesta que monté durante los segundos después de leer el resultado no tiene nombre.

Otro de los puntos clave de la semana pasaba por el trabajo. Este mes finaliza mi contrato y a dos semanas de dicha fecha, todavía no había tenido noticia por parte de mis jefes. Dos corrientes totalmente distintas circulaban por mi cabeza: por un lado, la idea de quedarme sin trabajo podía aliviarme en el campo académico, ya que tendría tiempo para acabar la carrera mucho más tranquila de lo que estoy ahora. Por otro lado, el temor de dejar la vida laboral que tanto me ha enseñado y aportado a nivel personal en estos últimos meses. Lo sorprendente es que en ninguna de esas “líneas de pensamiento” me preocupaba la idea de no conseguir trabajo, sino más bien la de no conseguir uno en el que me sintiera tan cómoda como en este. Así que cuando mi yo más negativo se había apoderado de mí, llegó la oferta de renovación. Mi primer contrato indefinido…ufff. No sé cómo hablar de ello. No sé desde dónde me lees ni a qué te dedicas, pero aquí en España, un contrato indefinido y con unas condiciones decentes hoy en día  es prácticamente un lujo. Todavía más considerando lo joven que soy.

Así que entre esto y el peso de encima que me había quitado con el teórico de conducir llegué a un punto de rebasamiento máximo. Quiero decir, así como no podemos soportar que nos pasen muchas cosas malas de golpe, yo llegué al bloqueo porque me pasaron cosas maravillosas y a la vez. Es como que el mundo se para y te preguntas dónde estás y cómo has llegado hasta ahí. Mi respuesta fue “con mucho esfuerzo”. Poco a poco me estoy convirtiendo en quién quería ser, en quién imaginaba hace unos años cuando tomé la decisión de empezar esta carrera, en la chica independiente que pensaba que sería cuando todavía era una niña. Realmente es increíble.

Ya para rematar, y con las emociones a flor de piel, este sábado había planeado ir al cine a ver Brooklyn. La película me había llamado bastante porque trataba la temática de la emigración, la cual a mí me ha tocado vivir en primera persona y en más de una ocasión.

original

Lo diré de manera simple: me pasé la película llorando. ¡Está tan bien hecha! Cualquiera que haya emigrado puede sentirse identificado con la protagonista, a pesar de que sea una historia de los 50 y que tu país de origen no sea Irlanda. Sentirás lo mismo que ella al despedirse de su casa, de su familia, al echar de menos su entorno y sobre todo al darse cuenta de lo lejos que estaba de su hogar en aquellas situaciones en las que uno necesita estar cerca. Para mí el separarme de mi hermana es uno de mis mayores miedos. Sé que somos personas independientes y que llegará el día en que cada una haga su vida, pero no me gustaría que fuera separadas del todo, que no pudiéramos vernos cuando quisiéramos… Por lo que la relación de las hermanas de esta película me dejó sin palabras.

Y así estaba yo tan alterada entre una cosa y otra que mi cuerpo se hartó y dijo “hasta aquí llegamos, M”, y es que desde el domingo que estoy tirada en cama con un virus que no me deja ni levantarme.

Por tanto, espero que no os importe que esta entrada salga de entre las sábanas y no directamente de la guarida, y que tampoco os haya aburrido mi parrafada, pero qué se le va a hacer, he tenido tiempo para pensar y para sentir.

Un abrazo virtual,

M.

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