El viaje.

Pertenezco a ese extraño grupo de personas que concibe unas vacaciones de verano lejos de la playa y el calor como el mejor regalo del mundo. Por ello, en cuanto tuve algo de dinerito ahorrado decidí irme a recorrer Escocia e Inglaterra (mientras en España subían las temperaturas).

He estado unos 10 días fuera de casa y siento como si hubiera pasado un mes. Y no precisamente porque no haya estado a gusto, sino porque he vivido un montón de experiencias concentradas. Desde luego no han sido unas vacaciones de relax, más bien de pura aventura urbana…y natural también, por qué no (con Brexit incluido).

He terminado de aprender de una vez por todas que el turismo de visitar monumentos y museos no va conmigo. El estar rodeada de turistas, todos ataviados con nuestros chubasqueros y bolsas del Harrods por Londres o mapas del Loch Ness al norte de la isla no es lo mío. Yo necesito adentrarme en las ciudades y los pueblos hasta las zonas donde sólo quedan “locals”. Me gusta camuflarme y que parezca que soy de allí a donde voy, aunque mis ojos y pelo oscuros enseguida les hagan saltar las alarmas: “are you from Spain?”

Otro descubrimiento ha sido el viajar de mochilera y dormir en hostales, compartiendo habitación, baño, cocina y hasta cama. Al principio me pareció un poco terrible, pero después te acabas haciendo a ello. Nota importante: recorrer todos los baños del lugar en busca del más cómodo (que tenga ventana o que el agua de la ducha salga correctamente, por ejemplo) y tener en cuenta los horarios de limpieza son pequeños detalles que pueden amenizar tu estancia.

Por otra parte, eso que se dice siempre de que comida como la española no hay en ningún sitio es totalmente cierto. En UK los supermercados tienen el clásico “meal deal” que consiste en un sandwich, una bebida y un snack (fruta, pequeñas porciones de tarta o la típica bolsa de patatas fritas) por 3-4 libras…y con eso comen. También es cierto que desayunan bastante más fuerte. Té con leche, habas con tomate, bacon, bollería, zumos…todo vale. Me pregunto cómo sobreviven con este tipo de dieta. Además, hasta el sandwich más inocente viene cargado de elementos picantes/salsas/pepino. ¡Cómo les gusta el pepino!

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Meal deal + mi dedo

Yo por mi parte abusé desmedidamente de la comida precocinada. Numerosos platos elaborados en preciosas bandejas de plástico que en cuanto quitas del horno ya no queman y puedes llevar a la mesa sin manchar ni un plato…así volví, ansiosa de un poco de “comida de madre”.

Quizás lo más importante de este viaje no haya sido tanto lo que he visto sino como la desconexión con mi día a día, el tomar distancia y por fin ver las cosas “crystal clear”  (¡me encanta esa expresión!).

Recorrí la isla de norte a sur, estando taaaan al norte que los días duraban desde antes de las 5 de la mañana hasta las 11 de la noche, casi no vi la lluvia, disfruté de paisajes estupendos y conversaciones interminables…Recargué energías y volví “más mayor”.

Creo que no puedo pedirle mucho más a un viaje. Ahora viene la parte más dura, sobrevivir Julio y Agosto en la España profunda, con horario de oficina y mucho trabajo pendiente, pero ahora mismo estoy flotando, nuevas experiencias y nuevos proyectos se acercan…

M.

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