El verano, mis proyectos y el amor.

No sé si quedó claro en mi entrada anterior que no soy una persona muy veraniega, y por eso vengo a repetirlo. Me gustan los planes de sofá y manta, hacer bizcochos, tomar bebidas calentitas y los jerseys (me encaaaaaaaaaantan los jerseys). Soy una mujer de invierno, como mucho de medias estaciones…pero el extremo del verano en la ciudad es algo que no llevo bien.

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En realidad, tampoco soy de verano en la playa (aunque esta imagen me puede), ni en la montaña, ni en ningún sitio. No me gusta el verano, pero este año, tras unas vacaciones bastante aventureras y una serie de proyectos personales que parecen no terminar nunca, me veo con muchas ganas de disfrutar de las pequeñas cosas que solo el calor permite: no vestirse a capas, tomarse una cervecita bien fría después de trabajar, días más largos, conciertos, alguna fiestecilla y algo más de tiempo para una misma.

Y de esto os quería hablar, de mi tiempo y de en qué cosas lo estoy invirtiendo, dado que mis apariciones por aquí están siendo más escasas de lo que me gustaría.

Como os comentaba, tengo un par de proyectos cuyo fin se encuentra a unos pasitos por delante todavía: sacar el carnet de conducir y terminar mi trabajo de fin de carrera. Este último me hace especial ilusión porque lo he visto crecer poco a poco, resolviendo cada inconveniente que surgía, teniendo contacto directo con la gente que necesita este proyecto funcionando y, realmente, a pesar de todos los quebraderos de cabeza me está haciendo sentir muy orgullosa de mis pequeños avances en mi vida académico-laboral. Por fin siento que empiezo a tener la capacidad  para solucionar “los marrones”.

Por otro lado, el tiempo que no paso estudiando, trabajando o practicando con el coche, se me va enamorándome. Sí. Lo digo con estas palabras. Este verano me ha traído algo que no esperaba. Os hablé hace tiempo de tomar decisiones, de hacer lo que nos pidiera el cuerpo…bueno, el mío me pedía dar un salto al vacío, me pedía dejarme llevar por lo que sentía y así hice. La vida da tantas vueltas…hace unos meses estaba en Tinder, intentaba que me presentaran amigos, BUSCABA a alguien con quien compartir, y de golpe, cuando creía que ya había encontrado a alguien con quien estaba a gusto…va y aparece él y lo descoloca todo. Me descoloca y siento que voy flotando por la vida, que nada de lo que pase a mi alrededor o en el mundo es lo suficientemente importante porque soy estúpidamente feliz.

Es difícil explicar con palabras lo que se siente, pero básicamente, si nunca lo has vivido, te darás cuenta el día en que te llegue. Yo noto la diferencia en que generalmente cuando empezaba a tontear con alguien, me asustaba la idea de “perder mi libertad”, de no poder seguir buscando y ahora no. Ahora no siento que pierda nada, sigo siendo igual de libre pero alguien me coge la mano en el camino. Y yo me he reído de otras parejas por hacer todas las tonterías que hago ahora con una sonrisa de oreja a oreja. Quizás este sea, de todos mis proyectos, el que más ilusión y miedo me de. Nunca me había sentido así con alguien, de hecho, no paro de repetir esto de “yo nunca…”. Estoy nadando en un mar de primeras veces…y voy a dejar de hablar de esto porque me pongo muy tonta.

¡Disfrutad de lo que queda de fin de semana y del calor!

M.

 

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