Es mejor perderse que nunca embarcar.

Le pido prestada a Diego Torres esta frase de su canción “color esperanza” para el título de mi entrada. Lo hago porque el lunes, cuando volvía del trabajo en tren, mirando por la ventana como el sol caía junto con mis ganas de hacer algo al llegar a casa, la escuché tímida en mis auriculares y me sacó una sonrisa.

En mi familia esta no es una canción más. Yo era pequeña cuando estaba en su época de hit del momento, y aun así tengo en mi cabeza grabada la imagen del día en el que nos marcó a todos. Se trataba de nuestra primera mudanza y también de la más grande que hemos hecho, estábamos a punto de cambiar de país y unos amigos de mis padres nos habían ido a recoger a casa para llevarnos al aeropuerto. Una vez estuvimos sentados, con las lágrimas en los ojos y las maletas detrás, empezó a sonar esta canción en la radio. Un mensaje positivo y alegre ante el salto al vacío que estábamos dando. O mejor dicho, que mis padres estaban dando, como ya dije, yo era muy pequeña como para darme cuenta de la magnitud del asunto.

Desde entonces, cada vez que suena en algún lado, se hace el silencio. Mi madre canta alguna estrofa suelta pero poco más. Todos tenemos la cabeza en aquel momento, o quizás en todos los demás cambios que hemos afrontado juntos. Color esperanza es un canto a la vida, es ese “sigue adelante” de un amigo, son las ganas de atreverse.

El lunes me sacó una sonrisa porque a pesar de mi última entrada catastrofista, mi viaje del fin de semana pasado ha sido maravilloso. Sí, no me fui con ganas porque no me salieron las cosas como quería, pero una vez allí pude por fin desconectar mi cabeza de esos temas y centrarme en disfrutar de lo bonito que me da la vida, de mi pareja y de las cosas que estoy aprendiendo a su lado. Y creo que en esto se basa el vivir, de saber darle el peso necesario a cada cosa en cada momento. Es decir, si algo de mi vida académica no ha salido como esperaba, eso no tiene por qué afectar a todos los demás aspectos que sí van bien. En otras palabras: si me voy de viaje con mi novio, me lo paso bien y no pienso en este trabajo pendiente hasta que vuelva.

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¡Vivan los desayunos de buffet!

Aproveché también para recargar las pilas necesarias para ponerme con este proyecto a mi retorno (véase en la foto mi concepto de recargar pilas). Yo misma me he fijado como fecha límite finales del mes de diciembre, aunque en cuanto me matricule de nuevo, tendré otro año más de plazo real (por el cual tendré que pagar una cantidad que no quiero calcular…pero del sistema educativo ya hablaremos otro día).

¿Desde cuándo soy yo tan optimista?

M.

 

 

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