La niña “abandónica”.

23:09 y empiezo a escribir. Acabo de leer que hoy es el día de las escritoras, así que me parecía casi un pecado no pasar por aquí. Tengo 51 minutos para publicar a tiempo, ¡a ver a qué puedo hacer!

Hará cosa de un mes (o más), en una tarde de veraniego “aplatanamiento”, me reencontré en televisión con El padre de la novia, una peli de los noventa con Steve Martin de protagonista.

Será porque son de “mi época”, pero resulta que tengo una atracción anormal hacia estas pelis noventeras. Todo de ellas me atrapa: la forma de desarrollar las historias, la estética de personajes y escenarios, los chistes, los colores…y me dejo de tonterías porque soy de todo menos una crítica de cine y se me acaban los argumentos.

A lo que iba, en esta película, un padre sufre porque su hija está a punto de casarse, lo cual le lleva a numerosas situaciones cómicas tales como el momento de conocer a su futuro yerno, aguantar las idas y venidas del organizador de la boda o incluso pagar la misma…En definitiva, me reí durante toda la película.

Pero no estoy aquí para hablar de una película de hace veinte años (¿¡20 ya!?)…resulta que una de las cosas más curiosas que dice este padre desesperado la podemos oír ya en la primera escena, y es que se queja de que al principio los padres temen que sus hijas acaben con el chico inadecuado, mientras que finalmente el verdadero temor se convierte en que encuentren al chico correcto…y se vayan.

Lo que me lleva a pensar, ¿qué tipo de vínculo se crea entre padres e hijas para que ellos terminen sintiendo que nos pierden? ¿Por qué con los hijos varones no pasa lo mismo?

Cuando estaba por conocer a la madre de mi novio, un amigo me dijo: “no te preocupes, las chicas siempre caéis bien. Sois las adorables mujeres que vais a a hacer que su hijo se centre y a darles nietos, mientras que nosotros somos  los salidorros que quieren robarles a sus hijas”.

No voy a entrar en un debate sobre la mentalidad de nuestra época o la de épocas anteriores, porque no creo que esto sea una cuestión de machismo, feminismo o cultura, sino más bien pienso que viene junto con nuestros instintos más básicos, en nuestra parte animal. Porque sí, aunque a veces nos olvidemos, somos animales.

Yo a día de hoy, siento que cuando me vaya de casa estaré “abandonando a mi familia”, volando del nido. Es ridículo, jamás me lo han dicho y mi familia seguirá igual de entera aunque yo ya no viva bajo el mismo techo pero…¿por qué lo siento?

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Imagen de turno de familia perfecta (Google)

Para los padres las hijas somos y seremos siempre sus niñitas. Durante nuestros primeros años, ellos son los hombres de nuestras vidas. Me atrevería a decir que no ha existido, existe ni existirá niña con más papitis que la que he tenido yo. Y creo que ahí reside el quid de la cuestión: ya no tengo esa papitis aguda. Y mi padre lo sufre porque ahora ese amor incondicional se vuelca en un novio salidorro que le va a robar a su hija. ¿Cómo se les dice a los padres que les quieres igual que siempre pero que empiezas a tener una vida un poquito más separada? Y lo que es peor…¿cómo se vive cuando ellos dejan de tener la verdad absoluta y el aura de superhéroes que siempre les atribuiste?

No me gusta sentirme una “hija abandónica”. No quiero irme del nido. De hecho, creo que el nido siempre va a tener un sitio para mí, pero tarde o temprano llegará el momento de crear el mío propio, en algún árbol cercano.

M.

PD: ¡Feliz día, escritoras!