Lo tuyo, lo mío y lo nuestro.

A medida que pasan los meses y me voy adentrando más y más en el mundo “parejil”, me voy sintiendo también más en confianza para hablar sobre cualquier tema con mi novio. Desde luego esto es algo bueno pero…¿hasta qué punto debemos hablar? O mejor dicho: ¿hasta qué punto debemos compartir cosas?

No soy partidaria de compartirlo todo en el más amplio sentido de la palabra. Creo que a pesar de compartir tu vida junto a alguien, sigue siendo TU VIDA, y en ella hay cosas que sólo guardas para ti. Creo que es necesario mantener una intimidad para ciertas cosas. Sin ir más lejos, mi pareja sabe que escribo, pero desconoce la URL de mi guarida. ¿Por qué? Porque me gusta tener la libertad de expresarme sin que nadie de mi entorno influya en lo que voy a escribir.

Supongo que esto que comento puede sonar muy mal para algunos de vosotros, como si de una falta de confianza se tratase, pero yo no lo veo así. Somos individuos al fin y al cabo, con nuestras historias personales propias.

La semana pasada escuchaba en la radio un debate bastante cómico sobre juntar a los amigos con la pareja. Este es otro punto en el que creo que también es mejor separar. Por supuesto, yo he salido alguna noche con amigos de mi novio y él ha conocido amigos míos, pero eso no quiere decir que nos vayamos a hacer íntimos todos.

Creo que hay que saber diferenciar lo que es de cada uno y lo que es nuestro, para sentirnos también más libres, para tener nuestros propios proyectos. Nuestra vida amorosa, nuestros amigos o familia no lo son todo. Tenemos que poder compaginarlo con las cosas propias, con nuestros pequeños secretos para nosotros.

He empezado hablando de la vida en pareja, pero esto se puede aplicar a cualquier ámbito. Por ejemplo, yo trabajo en una empresa pequeña y en muchas ocasiones, mis compañeros y yo nos reímos porque mi jefe dice que somos “como una familia” en un tono exageradamente falso…pero tiene razón. Somos como una familia en el sentido de que si uno sabe algo del otro, se acaban enterando todos los demás. Si algo entra en esa oficina, se vuelve de dominio público. Pues a esto mismo voy con mantener la intimidad. Creo que debemos saber hasta qué punto “desnudarnos” y sobre todo, con quién.

¿Estáis de acuerdo? ¿Es este un discurso de loca desconfiada?

M.

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