Búsqueda de trabajo frustrada.

Como os conté hace unos días, ¡ya soy oficialmente una ingeniera! Si me seguís desde hace más tiempo, sabréis también que llevo aproximadamente un año y medio trabajando en mi campo.

Sobra decir que, con los tiempos que corren, trabajar de lo tuyo a mi edad (ese dato me lo guardo 😉 ) es todo un lujo.

La verdad es que tuve suerte. No he hecho muchas entrevistas en mi vida, y empecé precisamente por probar, porque me había matriculado de las prácticas externas en la Universidad y necesitaba convalidar esos créditos tarde o temprano.

La primera empresa que contactó conmigo era una consultora internacional. La verdad es que sonaba muy bien. Flexibilidad horaria, posibilidad de viajar, de estudiar un máster e incluso idiomas con ellos…Lo primero que debemos aprender es que si una empresa nos da tantos beneficios por un lado, es porque nos exigirá mucho por otro. En este caso, eso se notó ya en el proceso de selección, que constaba de una reunión previa con socios de la compañía, dinámica grupal, prueba de inglés y dos entrevistas personales. En resumen: unas 3 horas de pruebas para evaluar a un grupo de 12 candidatos.

No me dieron el trabajo.

En cualquier caso, a la segunda fue la vencida y entré en la empresa en la que estoy actualmente. Ha sido un año y medio muy intenso, quizás demasiado marcado por mi vida universitaria, pero creo que he aprendido a desenvolverme.

OJO. A día de hoy, hay infinidad de cosas que no sé hacer en mi empresa, pero he aprendido algo mucho más valioso, y es el saber estar en una oficina: cómo relacionarse con los compañeros, con los clientes, con tus jefes, saber qué respuestas son las adecuadas y de qué forma hay que proceder en cada caso…

Pero a pesar de todo esto, ya no me es suficiente. Necesito más. ¿Os ha pasado esto alguna vez?

Quizás lo lógico hubiese sido hablar con mis jefes y contarles por lo que estaba pasando, pidiendo nuevas condiciones laborales (objetivos y salario), pero en lugar de ello, me puse a buscar trabajo.

Como todos sabréis, hoy en día el método de ir con tu CV impreso de empresa en empresa está más que obsoleto, así que me registré en las dos aplicaciones líderes en estos temas: LinkedIn e InfoJobs. La primera de ellas está más enfocada a perfiles profesionales, mientras que en InfoJobs encontramos de todo: grandes y pequeñas empresas para cualquier tipo de contrato.

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Así buscaban trabajo mis padres, je. (Imagen de Forbes)

 

Supongo que debido a mi inexperiencia y a mi reducida red de contactos, en InfoJobs es donde recibí mayor respuesta. Por si no la conocéis, es una aplicación muy sencilla de usar, cuenta también con una versión web y nos permite visualizar ofertas relacionadas con nuestros intereses, pudiendo filtrar por tipo de contrato, años de experiencia requeridos, ciudad… Basta con inscribirse a una oferta desde ahí para que la empresa reciba nuestra candidatura. Cuando lean nuestro CV, la aplicación nos lanza una notificación, al igual que si seguimos en el proceso o si nos descartan. Reconozco que es un poco duro cuando empiezan a llegar los descartados.

Insistiendo un poco, conseguí que me empezaran a llamar. En el último mes he hecho  4 entrevistas.

Fue en la última cuando, de la noche a la mañana, sentí que una parte de mí había cambiado.

De nuevo, había enviado mi candidatura a una consultora, un día que estaría cansada y ni busqué la web de la empresa (error). Así que cuando me llamaron y me hablaron de una entrevista con dinámica grupal, pruebas escritas y orales, entrevista personal y dos entrevistas técnicas ya empecé a temblar y, por supuesto, a cabrearme con el mundo por haber vuelto a lo mismo con lo que había empezado.

Fui a la primera entrevista, la de los exámenes, de muy mala gana. Eso sí, disfrazada de ejecutiva, ya que la empresa está en una de las zonas más importantes de la ciudad. Mi imagen, otra cosa en la que no pensé. Cuando entró el metro en la estación y me vi reflejada…allí estaba, la mujer que de niña imaginba que sería o, al menos, el disfraz que esa mujer llevaría. Y no me gustó. Esa no soy yo. No soy una ejecutiva en tacones que trabaja horas infinitas y se olvida de su vida personal.

Y a eso voy cuando digo que algo había cambiado, quizás hace un par de años, cuando me matriculé de las prácticas externas en la Universidad, sí que me hubiera gustado encontrarme en esa imagen, pero a día de hoy no.

Para mi sorpresa, superé los exámenes, la entrevista con recursos humanos y las dos entrevistas técnicas. Me llamaron para contratarme, ofrecerme un máster, viajes y un salario que dista mucho del que percibo actualmente…y no acepté.

La de recursos humanos no entendía nada. Y yo tampoco. Mi respuesta fue: no me convence el horario (de 9 de la mañana hacia el infinito). Y la mujer me decía: pero aquí vas a aprender mucho, las posibilidades de promoción son reales, nuestros informes sobre ti favorables…¿no estás dispuesta a asumir el compromiso que conlleva trabajar con nosotros?

Y ahí estaba yo. Una profesional inexperta que, en lugar de ser la ejecutiva que siempre soñó, decide seguir en un trabajo tranquilo, que más pronto que tarde se le quedará pequeño, a cambio de mantener el mínimo de vida personal que puede.

Quizás ese sea mi gran lujo, saber que a las 7 de la tarde salgo y mi tiempo pasa a ser mío.

M.

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