La edad…¿importa?

Antes de Semana Santa (cuando hizo todo el buen tiempo que no ha hecho durante el puente de mayo), fui a la peluquería para arreglarme un poco.

El caso es que fui un lunes o martes por la mañana y la chica que me atendía me dijo: “¿Y qué tal? Estáis de vacaciones en el insti, ¿no?”

Ojiplática le contesté: “¿El insti? ¡Si he terminado ya la carrera!”

En ese momento la sorprendida era ella. Me pidió infinitas disculpas y yo me reí. ¡Así que parezco una adolescente! Como contrapartida, tenemos a los adolescentes que me llaman señora.

Pero toda esta historia no es lo que os venía a contar. Quiero hablar de la edad, sí, pero más en concreto de la diferencia de edad.

Mi pareja y yo nos llevamos casi 10 años. Algunos diréis: “no es tanto” y otros “¡menuda locura!”. Debo confesar que antes de conocerle yo estaba entre los segundos y, probablemente, muy en el fondo, lo siga estando. Soy “la joven” de la pareja, y desde el minuto uno tuve el mismo miedo: “quizás no pueda ser lo que necesita”. Porque seamos francos, no se tienen las mismas necesidades a una edad que a otra.

También desde el primer momento pensé en que si había amor, amor con mayúsculas, sabríamos sortear todos los obstáculos que se fueran presentando.

A día de hoy sigo pensando lo mismo, pero hay temas que me preocupan bastante: la convivencia y los hijos.

Para mí es pronto como para pensar en ambos, para mi pareja, son necesidades “latentes”. Más pronto que tarde me lo preguntará, o serán cosas que empiecen a salir a colación más a menudo, ¿y qué haré? ¿adelantar mi ritmo o ralentizar el suyo?

En todas las relaciones hay que ceder, ser flexibles, ya que cuando no se trata solo de uno, hay que negociar y llegar a lo que mi novio denomina “maravillosos acuerdos”. Una peli de amor a cambio de una de Star Trek, por ejemplo.

El caso es que en este tipo de relaciones, la flexibilidad debe ser todavía mayor, porque como os decía, vivimos a ritmos distintos. Nuestra experiencia en todos los campos es diferente…¿pero qué pasa cuando hablamos de temas tan serios como los que os comentaba? Convivir con alguien no es tontería, y mucho menos tener un hijo. Debe ser algo que llegue cuando ambos estemos preparados. 

Supongo que en parejas “normales” (con menor o ninguna diferencia de edad) estas cosas también pasan. También hay descompensaciones en las necesidades. Quizás uno de los dos esté listo para hacer algo que el otro no. También puede ser que uno de los dos tenga miedo de algo que el otro ya ha vivido en una relación previa y por ello no le asusta…

Me asombra lo complejas que se pueden volver las cosas si les damos demasiadas vueltas. Cuando esta locura se apodera de mí, vuelvo siempre a lo mismo: si hay amor, amor con mayúsculas, sabremos sortear todos los obstáculos que se vayan presentando.

M.

 

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