Disfrutando del espacio vacío.

Mis padres y mi novio quieren comprarse una casa. Casas distintas, por supuesto. Y la verdad es que esto me hace pensar…

Adquirir una vivienda no deja de ser una de las decisiones más importantes que tomamos en nuestra vidas, ¿no? Por más que luego la pongamos a la venta, no deja de ser el lugar en el que buscamos establecernos o, al menos, vivir una temporada. Tiene que transmitirnos esa sensación de hogar, de tranquilidad, esas ganas de llegar a tu lugar después del trabajo o de estudiar.

Convertir una casa en hogar es cuestión de tiempo, pero partir de una buena base siempre ayuda. Por eso, he empezado a buscar con ellos.

Esta búsqueda a su vez me ha llevado a otro pensamiento: ¿por qué tenemos TANTAS cosas? Me parece increíble buscar casas a la venta por Internet y encontrar imágenes de pisos pequeños repletos de muebles (cada uno de su padre y de su madre) y, encima de estos muebles, un montón de objetos decorativos completamente innecesarios, cojines, plantas de mentira, juguetes, 300 botes de champú en el baño…Entiendo que si se suben esas fotos es porque el piso todavía está habitado pero, ¿para qué tanto?

¿Es una cuestión generacional o nos afecta a todos? Hace años las casas tenían otro tamaño (mayor) y, además, no se tiraba nada: todo podía tener una segunda utilidad, y más si se pasaba por momentos difíciles. Esta tendencia, acaba a la larga llevándonos a la acumulación masiva de objetos. Y por lo general, el día que necesitemos ese tornillo que nos sobró montando un mueble de Ikea y que guardamos “por si acaso”, no sabremos dónde lo dejamos e iremos a comprar una caja de 100.

En el último piso que fuimos a ver, con muy buenos armarios, mi padre sufría porque no tenía trastero. Después de una pensada dijo: “bueno, podría tirar algunas cosas…”

A lo que mi madre contestó: “si las puedes tirar, hazlo ya”. Y la conversación terminó así:

  • “¿Quieres meter algo tú en el trastero?”
  • “No, pero así ya lo dejamos limpio.”
  • “¿Y qué sentido tiene dejar el trastero vacío?”

Pues todo el sentido del mundo. Dejar espacios vacíos nos permite tener un lugar para el presente. Si tenemos bicicletas de cuando éramos niñas y, obviamente, ya no nos sirven, ¿por qué no las quitamos para que ahora nos entre el equipo de ski que tanto nos gusta? No sé si veis por donde voy…

Yo disfruto de tener una mesilla vacía al lado de mi cama. Ahí puedo poner el libro que estoy leyendo, mis gafas, el móvil…Y es que no es necesario llenar nuestros espacios al completo, y menos hoy en día que vivimos en cajas de cerillas en las que hay que usar el ingenio con cada metro cuadrado. Como os decía al principio, que una casa pase a ser un hogar es cuestión de tiempo y con los años iremos ocupando nuestras estanterías (como la de la foto), cajones e incluso trasteros con aquellas cosas que nos ayuden en nuestro día a día, aquellas que formen parte de nuestras aficiones, nuestros recuerdos…

 

hibrid-bookcase-7
Estantería que transmite paz con su orden visual.  No recuerdo la fuente de la imagen

Quizás después de leer esta “oda al desapego” creeréis que estoy loca, pero…echad un vistazo a vuestro alrededor, ¿no creéis que podríais quitar alguna cosa? ¿Hacer una limpieza para mejorar vuestro hogar?

Ya me contáis…

M.

 

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