Nunca vas a ser feliz.

Cuando termine el instituto y esté en la Universidad estudiando lo que me gusta, seré feliz. Cuando acabe de una vez esta carrera de mierda y tenga tiempo libre para mí, seré más feliz. Cuando tenga un fin de semana sin naaaada que hacer más que dormir, ay, qué contenta voy a estar.

Y la lista podría seguir hacia el infinito y siempre sería mentira. No vamos a ser más felices cuando por fin pase algo que a día de hoy nos preocupa o que nos tiene ya cansados. Parece mentira que me de cuenta de esto ahora, después de tantos años postergando la felicidad hasta que llegara un momento mejor…

Ahora mismo estoy preocupada, llevo unas dos semanas con esta preocupación en la cabeza que me impide estar contenta. Pero es que hace dos semanas, cuando no tenía esto rumiando, era otra cosa y antes de esa, otra. ¿Véis por donde voy?

¿Por qué pensamos que vendrá algo mejor y no actuamos?  Quizás esto sea una especie de mecanismo de defensa para hacernos sentir mejor si las cosas no van bien en este momento, pero no deja de ser una manera de postergar nuestras acciones, sin darnos cuenta de que si vamos dando pasos, por pequeños que sean, estaremos más cerca de nuestra meta.

La verdad es que yo ya me he cansado de esperar. Necesito, aunque tenga miedo, empezar a caminar hacia las cosas que quiero, hacia aquello que creo que me puede hacer feliz. Y digo creo porque seguramente, cuando llegue a esa meta no habré terminado, habrá una nueva necesidad superior a esa. Las personas somos así y creo que forma parte de nuestro encanto y de nuestro instinto de superación.

Pero…¿qué es ser feliz? Porque si a mí me preguntas a día de hoy si soy feliz, la respuesta será un rotundo SÍ, aunque siempre hay una pequeña cosa a mejorar, esa mosca detrás de la oreja que nos persigue. Quizás ese punto de disconformidad sea lo que nos hace avanzar, ¿lo que nos mueve?

O quizás simplemente esa molestia sea lo que me mueve a mí. Soy una persona que en cuanto algo le hace dudar de su camino, lo cambia. Puede que tarde un poco, porque desgraciadamente también soy indecisa, pero me fío mucho de lo que siento, a pesar de intentar ser siempre racional…puede que tenga razón mi compañero de trabajo J, que dice que las mujeres estamos todas locas.

El caso es que esta necesidad de constante movimiento me lleva a preguntarme: ¿es sano cambiar todo aquello que nos molesta? ¿Hasta qué punto debemos tolerar algo y a partir de qué punto pasamos a ser unos victimistas? Nuestro rico refranero popular dice que quien algo quiere algo le cuesta, ¿no? Por eso creo que nunca vamos a ser felices si lo postergamos, si toleramos demasiado, si nos limitamos a vivir con esa pega que nos persigue. Probablemente si la dejamos atrás, otra ocupará su lugar, pero ya habremos cambiado, ya seremos otra persona…

Y tú, ¿eres feliz? ¿Qué cambiarías de tu vida?

M.

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