La educación.

Leyendo hace unos días un artículo sobre los colegios y las nuevas tecnologías, me di cuenta de que había llegado el momento de hablar por fin sobre el sistema educativo en España. Sé que es un tema muy amplio y que se me puede quedar grande, pero quiero dar mi opinión como estudiante y centrarme en la etapa previa al acceso a la Universidad.

No os voy a mentir, nunca tuve problemas en el colegio para sacar adelante las asignaturas. Era la típica niña repelente que disfrutaba del comienzo de curso, de comprar el material escolar, etiquetarlo todo con su nombre y llevar dos coletas a clase.
El instituto también se me dio bien, suspendía algún examen de mates suelto, pero a pesar del pavo y mi interés creciente por los chicos, terminó todo sin problemas y con muy buenas notas.

Y de golpe, en un abrir y cerrar de ojos, llegó el momento de empezar a tomar decisiones sobre el futuro. Yo no sé cómo es en otros países pero, en España, con dieciséis años empiezas a tener en tus manos el poder de encaminar tu futura vida profesional. En ese momento, con el subidón de hormonas, debes que tener muy claro si quieres hacer bachillerato o algún ciclo de formación profesional. En la época de la burbuja inmobiliaria, algunos hasta se atrevían a dejar de estudiar y meterse directamente a trabajar en la construcción.
A día de hoy, que ya han pasado unos cuantos años desde que viví esa etapa, sigo sin entender cómo ponemos a los adolescentes ante esta situación. Porque seamos realistas, a esas edades, no hemos visto cómo es el día a día de un profesional de ningún área. Nos imaginamos lo buenos profesores, arquitectos, banqueros o secretarios que seremos, pero…¿basándonos en qué?

Recuerdo que cuando estaba en cuarto de carrera, vino a mi clase un grupo de alumnos de bachillerato a escuchar qué era lo que se hacía en ese grado. Por supuesto, mi profesor para lucirse les mostró unos brazos robóticos puestos en cadena, que obedecían órdenes distintas en función de la información que recibían a través de sus sensores. No os lo voy a negar, para quien disfruta de la tecnología, es algo muy bonito de ver…pero para quién sabe cómo funciona, puede resultar desesperante y apasionante a la vez.

Uno de los chicos preguntó: ¿y esto se aprende a hacer en la carrera?

La respuesta es no. No aprendes a hacer tu cadena de robots, aprendes conceptos mucho más genéricos, como el tipo de sensor que debes utilizar en función de lo que quieras medir o, incluso, puedes hacerte una idea de la “anatomía” que debe tener el robot en función de la tarea que le quieras encomendar.
En cualquier caso, esos chicos salieron pensando que tocando dos botones, podrías tener tu robot discriminado piezas por tamaño y color. Y me temo que eso, no es ingeniería.
Al igual que ser médico no es sólo lo que vemos en la consulta, ni ser un gran ejecutivo es llevar traje y maletín.
Creo que no estoy diciendo nada nuevo pero, ¿cómo podemos saber qué queremos ser “de mayores” si no lo conocemos?

Con dieciséis eres todavía un niño como para saber a qué te quieres dedicar. Claro que hay excepciones. Siempre hay alguno en clase que tiene vocación de médico de nacimiento pero, ¿y los demás? Yo estaba en ese grupo de indecisos. Al menos tenía claro que quería ir a la Universidad, porque era lo que habían hecho mis padres y me parecía “lo lógico”, pero hasta ahí llegaba mi razonamiento.
Así que terminé siendo práctica y pensando: ¿qué me va a dar de comer sin problemas en plena crisis?
Quizás si no hubiéramos estado en crisis económica, me hubiera lanzado al mundo de las letras y a día de hoy la escritura no sería simplemente un hobby, pero reconozco que tenía aptitudes para la ingeniería. Siempre me gustaron las matemáticas, los circuitos, encontrar el por qué de las cosas y las verdades absolutas (como que 1+1 = 2)…
Pero creo que disfrutamos de un sistema desactualizado. Debemos hacer que, llegados a una edad, los alumnos empiecen a conocer qué se mueve ahí fuera, porque la vida académica no lo es todo. No puede ser que tengamos adolescentes sufriendo por llegar a Selectividad (creo que a día de hoy le llaman “EVAU”) en la convocatoria de junio porque si no no van a tener futuro. ¿Qué chorrada es esa? Puede que te quedes fuera de tu carrera soñada, sí, pero siempre hay solución y otros caminos para llegar a la misma meta.

En resumen, si eres estudiante, no te dejes llevar por la presión de hacerlo todo perfecto por tu futuro, porque podrás construirlo poco a poco, ya sea en la Universidad, en una FP o trabajando de lo que puedas. Estudiar es importante, pero no lo es todo, y menos con el nivel de exigencia que se pide en Bachillerato. ¿Y qué pasa si empiezas a estudiar algo y descubres que no es lo tuyo? Pues vuelves a empezar, no pasa nada, podemos equivocarnos, y más si somos tan jóvenes. Y me dirás: “para ti es muy fácil, ya has terminado”. Pero también he estado en tu lugar y todos mis pasos me parecían exageradamente importantes y ahora descubro que no es tan así, que si quiero dar un giro a mi vida, todavía puedo.

¿Se nota que este tema me toca la fibra? ¿Vosotros qué pensáis?

M.

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