¿Recuerdos analógicos o recuerdos digitales?

¿Os acordáis de las preguntas tontas que nos hacíamos los unos a los otros en el cole?
¿A quién quieres más, a papá o a mamá? ¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta? ¿Qué sacarías de casa en un incendio?

A esta última, yo siempre respondía: las fotos.

Durante años vi como mi madre llevaba los carretes de 24 (¿o 48?) a revelar a la tienda, compraba un álbum y las iba guardando. Hasta que no las revelabas, no sabías si iban a salir bien, pero precisamente como sólo tenías espacio para esas pocas, no sacabas la cámara para fotografiar tu desayuno de aguacate, ni tenías cientos de fotos de tus pies en la playa a lo “aquí sufriendo”. La cámara se usaba en celebraciones, en reuniones con amigos, durante las vacaciones, en una actuación del colegio o bien tus padres salían corriendo a buscarla la primera vez que te ponías de pie…pero no era un objeto que nos acompañara a todos lados.

Más tarde llegaba el día en el que venían amigos a casa y había la suficiente confianza para que mi madre sacara esos álbumes a relucir. Todos me veían en la bañera de niña, con el uniforme del primer día de colegio, en una piscina de bolas toda sudada y con los pelos revueltos…Y lo peor de todo es que ¡era bonito verlo!

¿Qué ha pasado con esos momentos?

Yo siempre respondía “las fotos” porque veía lo importante que era para mi familia ir atesorando nuestra historia EN PAPEL.

Esta semana, en un descuido digital que me hizo ver lo nefasta que soy con las copias de seguridad, perdí 200 fotos y 150 vídeos. 

Por suerte sólo eran fotos y vídeos de Whatsapp. Puedo volver a pedírselos a mis contactos, pero esto me hizo ver que yo, “Centro Histórico Familiar”, ¡tengo un sistema de copias de seguridad malísimo! Consiste en: cuando un dispositivo se llena, vuelco toda la información en una carpeta del ordenador y sigo con mi vida.

Así que tras darme cuenta de lo temeraria que estoy siendo con recuerdos propios y familiares, me puse a preguntar a la gente cómo hacía para organizar sus archivos. ¡Parece mentira que yo pregunte eso! En el terreno analógico soy sumamente ordenada, mientras que en el digital dejo muchísimo que desear.

Resulta que mi novio, una vez al mes pasa sus fotos a un disco duro externo. Un compañero de trabajo prefiere sincronizarlas directamente con Amazon Drive. Mi hermana las mete en un pendrive de vez en cuando y, si no recuerdo mal, cuando hice un curso de organización digital de Wasel Wasel, recomendaba tener en el PC solo las del año en curso y el resto, al disco duro externo.

La sincronización con una plataforma, ya sea Amazon, Google o Dropbox es lo más cómodo, pero presenta, para mí, un par de inconvenientes:

  • No hay filtro. Es decir, todo lo que creas, lo sube. De esta forma acumulamos, ya que si hacemos 3 fotos iguales para elegir la mejor, no llegamos nunca a ese paso de la elección.
  • Si bien las fotos no dejan de ser tuyas, pueden ser utilizadas por el prestador del servicio (no todos lo hacen, así que echa un vistazo a las condiciones de privacidad de cada uno).

Por otra parte, en cuanto al disco duro externo, debemos crearnos el hábito de ir pasando las fotos cada cierto tiempo. Aunque sin olvidar que estos discos tienen un número limitado de lecturas y escrituras, así que debemos procurar usarlos únicamente como lugar de almacenamiento ocasional. El trastero de los recuerdos.

En cuanto a qué tener en nuestro ordenador…para mí la idea del curso de Wasel Wasel es lo ideal. Sólo las del año en curso y/o las de consulta habitual.

¿Qué haré yo?
Empezaré por clasificar por año y, dentro de cada año, en función del evento: “Vacaciones Almagro”, “Cumple de…”, “Selfies”… 😛

¿Cada cuánto?
Ya he programado en el Google Calendar un recordatorio mensual: COPIA DE SEGURIDAD.

Por otro lado, ¿habéis probado los álbumes tipo Hofman? ¿Qué experiencia habéis tenido con ellos? Quizás me lance a probarlos, quién sabe…

¿Y qué me decís de Lightroom? Esa aplicación de Adobe que lo peta en cuanto a edición y organización se refiere.

¡Contadme cositas!

M.

PD: Nooo, no me he olvidado de que os debo la segunda parte de mis vacaciones, ¡pero toda esta historia con las fotos me ha hecho reflexionar sobre el tema y tenía que contarlo!

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