Batiburrillo emocional: la vuelta a los orígenes, a la rutina y a la vida en pareja.

A veces es necesario parar. Venía con una muy buena racha en el blog, escribiendo todas las semanas para “rentabilizarlo” mejor y, me he dado cuenta de que esto no funciona así. Mi blog no es mi medio de vida y por ello puedo permitirme el lujo de hacer lo que quiera con él. De escribir sobre lo que quiera, cuando quiera y cómo quiera.

Durante un tiempo intenté tanto en mi vida personal como en mi vida escrita (qué poético suena eso), ser lo más optimista posible. “A nadie le interesa ver cómo te cortas las venas”, me digo. Pero ya basta, ¿no? La vida no es Pinterest. Las personas somos felices, alegres, amables y simpáticas. Pero también tenemos días de mierda, de estar tristres, frustrados o enfadados. ¿Por qué eso no se puede mostrar?

Y por eso hoy vengo a hablar de mis emociones, de las reales.

Cuando regresé de las  vacaciones en Portugal, la vuelta a la rutina se me hizo cuesta arriba más de lo normal. Después de un agosto tranquilo en el que había que matar el tiempo en la oficina, llegó septiembre con fuerza. Había muchísimo trabajo, prisas, fechas de entrega imposibles, personal todavía de vacaciones…un caos. Me desesperé e intensifiqué mi búsqueda de trabajo, quería irme de ahí cuanto antes. Algunos días me sentía completamente inútil porque no conseguía sacar las cosas adelante. Poco a poco fui saliendo del hoyo y resolviendo, pero fue ahí cuando empecé a entender aquellos días en los que mi padre llegaba a casa estresado y sólo podía hablar del trabajo. Pasamos tantas horas en él, que si algo va mal es imposible desconectar. ¿Alguien más que lo vea así o soy yo una dramas?

Como buena noticia, el mes de septiembre trajo a D a la ciudad. ¡Mi “vida de soltera” ha terminado! ¡Vuelvo a tener novio! Además, la semana pasada estuvo de vacaciones, así que pude verle prácticamente todos los días. ¿Sabéis lo que es eso para una pareja que lleva 6 meses viviendo a distancia? ¡Un lujazo!

De todas formas, no todo es fácil. Como os decía, estuvimos 6 meses separados y, aunque nos viéramos de vez en cuando, no es lo mismo a volver a vivir cerca el uno del otro. Cada uno lo ha vivido de una forma distinta. Él era el que se iba, el que estaba solo y echaba de menos todo. Yo en cambio, seguí con mi vida iugal, salvo que él  ya no estaba. Esta “pequeña” diferencia hace que el reencuentro signifique cosas distintas para ambos.

Hablando de reencuentros…como ya sabéis, España es mi país de adopción desde hace más de 15 años pero, me guste o no, yo nací en Argentina. La verdad es que nunca volví, así que mis recuerdos de aquella tierra son bastante borrosos, pero su cultura sigue en mí en cosas tan básicas como la comida, mi infancia o mi forma de entender el ocio. Por ejemplo, lo de la comida lo he descubierto desde que he empezado a comer en el trabajo. Cada uno se lleva su tupper y, oh sorpresa, los míos llaman la atención. Mis compañeros no entienden “la tarta de choclo”, que coma más carne que pescado, ni que el gazpacho me parezca algo un poco raro (¿por qué hay que tomarlo frío?). Pero bueno, estas historias también me recuerdan a cuando mi amiga S, que era china, hervía el jamón serrano porque le parecía “demasiado crudo”.

Como siempre, me estoy yendo por las ramas sólo con la introducción. Lo que quería decir era que lo que realmente me emociona de Argentina en estos días, es que mis padres estarán allí lo que resta de mes. Para mí mis padres son Argentina, su acento (que sigue casi intacto), su forma de ver la vida y los lugares que compartí con ellos durante los pocos años que viví allí…eso es Argentina para mí. No podía acompañarles en este viaje porque alguien debía quedarse con mi hermana (y porque cruzar el Atlántico cuesta un riñoncito), pero ayer cuando me enviaron fotos del parque al que iba de niña a jugar, me di cuenta de que ese es mi origen. De que esos éramos nosotros, de que tendría que estar allí con ellos y de que cómo ha podido pasar tanto tiempo. ¿Y si nunca volvemos a estar allí los tres juntos? Y hablo de los tres porque mi hermana vivió apenas unos meses de su vida allí.

calecita
Es exactamente la misma “calecita” en la que jugaba yo.

Ya que os hablo de ella, el viernes pasado fue el primer día que pasamos solas. ¿Sabéis lo que es sentirse completamente solo y responsable de todo? Porque no es lo mismo cuando papá y mamá se van a pasar “un finde de novios” a algún lugar cerca de casa. Si ocurre algo, les llamas y pueden volver.

La verdad es que nunca ha pasado nada pero, ¿y si pasa? No van a recorrer 10000 km. Me sorprende tener este miedo porque yo ya soy “mayor”, pero me siento sumamente responsable de todo.

¿Lo veis? La vida no es Pinterest, ni Instagram, ni todo es hygge. Yo estoy estresada con el trabajo, feliz por tener de vuelta a mi novio y nostálgica y solitaria por la ausencia de mis padres. Y tú, ¿cómo estás?

M.

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