Miedo.

La verdad es que hoy iba a escribir otra entrada sobre mudanzas, pinturas y muebles pero, ha sido sentarme y decidir hablar sobre algo mucho más sincero.

Hoy voy a hablar del miedo. Me parece increíble que, con lo miedosa que soy, no haya escrito nunca específicamente sobre ello. Y digo “específicamente” porque una simple búsqueda de la palabra “miedo” en mi blog me ha dirigido a 20 entradas en las que saco el tema a colación.

No quiero hablar del miedo sin más, todos sabemos lo que es. El miedo nos protege de las situaciones que no conocemos. Lo que yo necesito compartir hoy es mi mayor problema: mi actitud frente al miedo.

Soy una persona que afronta el miedo de forma obsesiva. Y como obsesiva que soy, no hablo de miedos lógicos como “tengo un nuevo reto laboral que me asusta” o “no quiero hacer ‘balconing’ por si me mato”. Los obsesivos tenemos miedos irracionales.

Os cuento un ejemplo. Hace unas semanas, fui a hacerme un molde dental para una férula de descarga (sí, soy una más de ese 80% de la población – exagerada – que la usa). Hacerse un molde dental no tiene ningún misterio. Te ponen una especie de “herradura” en la boca llena de una pasta. Esa pasta solidifica al minuto y listo. Molde hecho. Pues estuve toda una semana pensando en el dentista porque recordaba que de pequeña, cuando llevé ortodoncia, me ahogué con el molde. ¡Claro que me ahogué! Era pequeña y el molde sería demasiado grande para mis dientes de niña.

Así que avisé a mi dentista de que me iba a ahogar, para que lo tuviera en cuenta y me colocara el sillón en la posición más cómoda y bla bla bla. No sentí nada. Pero esa semana de autoflagelación pre-dentista no me la quita nadie…

Lo mismo me pasa ahora. Este miércoles tengo que hacerme una analítica. Y me diréis: “¿y qué?”

Pues que estoy atacada. Creo que no tengo un miedo más grande que el de las agujas. Ya sólo de verlas me mareo.

Si lo pienso racionalmente, estaré expuesta a la aguja como mucho 1 o 2 minutos. ¿Merece la pena este tormento que me monto? Porque me imagino unas mil situaciones catastróficas en la enfermería. Yo gritando, desmayándome, llorando, escapando de la enfermera…

Sé que nada de eso va a pasar, que iré, lo haré y seguramente sí me desmayaré. Pero luego me iré a desayunar unas tostadas con tomate como si no hubiera pasado nada.

Leyendo esto (y sin leerlo) me doy cuenta de que mis miedos irracionales son físicos. Se relacionan con el dolor o el malestar físico. Como os decía, no tengo miedos en cuanto a retos personales o profesionales se refiere, sino físicos y obsesivos.

Por cierto, ¿por qué me mandaron la analítica? Pues porque fui a preguntarle a mi médico si me pasaba algo en una amígdala que veía inflamada. Me dijo que no, pero por las dudas…

¿Véis por dónde voy? Si no tengo un miedo/preocupación, tengo otro, y luego otro…y así voy perdiendo el tiempo en preocuparme por cosas terribles que nunca llegan a ser tan terribles como parecían. Esto me recuerda a una entrada que escribí hace tiempo

Para variar, ahora mismo estoy a punto de darle al botón de “Publicar” y siento cierto miedo de que esta entrada no juegue en absoluto a mi favor. Que en lugar de ser un alivio para mí, os haga ver que estoy loquísima y que en vez de darme un “Me gusta”, me mandéis al psiquiátra :/

Contadme…¿vosotros cómo superáis el miedo? Mi novio, por ejemplo, dice que se enfrenta a esa situación de miedo muchas veces hasta que llega un punto en el que no le asusta más. Me veo a años luz de tener esa mentalidad, ¡así que me vienen bien más ideas!

Que tengáis una buena semana,

M.

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