Diferencias entre padres e hijos de distintos países.

Hace unos días, mientras desayunaba medio dormida, entró mi padre en la cocina y me preguntó: “¿qué estás tomando?”

Ante una pregunta tan inocente, contesté: “tostadas con aceite y sal”. Y entonces, a mi padre le salió un sonoro: “¡qué español!”. La verdad, creo que no quería decir un “¡ay que buena la dieta mediterránea de mi hija!”, sino más bien un: “¿cómo puede ser que mi hija, sangre de mi sangre argentina, esté desayunando pan con aceite y no unas medias lunas?”

En general, no siempre los padres entienden cómo se vive a tu edad en un contexto socio-cultural distinto al que ellos vivieron. Pues hoy estoy aquí para decirte que esta diferencia se acentúa todavía más cuando tus padres y tú habéis crecido en países distintos.

Por ejemplo, una cosa que a mi hermana y a mí nos puede sacar un poco de quicio es cuando estamos en cualquier lugar público y escuchamos una conversación de argentinos. Mi madre, por lo bajini empieza: “esos son argentinos”. ¿No me digas, mamá?

Pero por otro lado, a mi novio y a mí ver nos hacía mucha ilusión ver a otras parejas de españoles en Portugal, ¡y eso que estamos al lado! Por tanto, hay otra cosa que no comparto con mis padres: la pertenencia. Sí, todos pertenecemos a la misma familia, pero a mí ver un argentino en la calle no me produce lo mismo que ver a otro español en el extranjero.

A parte de estas cosas que a simple vista son superficiales, por debajo encontramos diferencias propias de la cultura y el lenguaje:

Como ejemplo, los españoles tenemos fama de ser cercanos y familiares, pero creo que los argentinos pueden dar mil vueltas a ese concepto. Y no digo que sea mejor o peor, sino que es así, somos (¿son?) más familiares y “toquetones”.

En cuanto al lenguaje, es curioso cómo hablando el mismo idioma, puede haber tantas diferencias entre palabras y sus significados. Y no me refiero sólo al clásico coger, sino también al vocabulario más “de andar por casa”. Hay muchas palabras del hogar que, como sólo las digo aquí, a veces tardo 2 o 3 segundos más en recordar la palabra “en español”. Ejemplos: chinelas, lavarropas, heladera, freezer, lavandina, choclo…Y a modo de anécdota, es curioso cuando estas cosas pasan con las marcas. Mi padre muchas veces habla del pan Fargo, de la Pascualina, de las Paty o de leer el Clarín. Si eres argentino, pueden que te suenen estos nombres, pero para un oído español como el mío, son palabras propias únicamente de mis padres, como si sólo ellos las usaran en el mundo.

Otra cosa que en su momento era muy habitual oir sólo a mi padre era: “en Argentina la mayoría de edad es a los 21 años, así que hasta entonces mando yo”. Y claro, la respuesta solía ser: “pero…Papá…¡Estamos en España!”

Fuera de bromas, hoy en día, con el movimiento migratorio tan importante que ha habido desde América Latina hacia Europa o desde España hacia otros países europeos, esta situación es más habitual de lo que parece. Incluso mi madre la vivió “al revés”, con un padre gallego en Buenos Aires.

A fin de cuentas, los padres sólo quieren lo mejor para sus hijos y lo buscan allá donde pueden. Eso sí, dentro de ellos siempre llevan las crianzas y cultura de su país, que con mayor o menor intensidad nos intentan transmitir y, si no me equivo, disfrutan de ver un pequeño reflejo de ellas en nosotros.

¿Y tus padres? ¿Son españoles “de pura cepa” o vienen de otra parte? ¿Y cuál es tu desayuno favorito? 😛

M.

It’s just the place that changes, the rest is still the same.

Alice Merton – No Roots

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