¿Qué son las mujeres reales?

El mundo de la moda nos ha ido dictando a lo largo de los años los cánones de belleza que debíamos seguir. ¿Por qué? Por puro marketing. Que todos queramos ser iguales ayuda a las marcas. Si todos vestimos con el mismo tipo de prendas, tomamos las mismas bebidas, leemos los mismos libros y usamos los mismos dispositivos, es más sencillo crear productos que se adapten a esas necesidades. Necesidades que en cierto modo nos han creado…las propias marcas. ¿Véis por dónde voy?

Motivadas por esta casi “imposición” de gustos, muchas mujeres, cansadas de ver modelos altas, delgadas y “perfectas”, empezaron a referirse a sí mismas como “mujeres reales”.

Y entonces yo me pregunto, ¿qué es una mujer real? ¿Aquella que no cumple con los cánones de belleza? ¿Aquella que no sigue modas? ¿La que no bebe zumos verdes ni toma semillas de chía? ¿La que se pone un moño para estar por casa y no es una diosa de la belleza como el resto de Instagramers?

Nunca presté especial atención al concepto de “mujer real” porque creía que no iba conmigo. Yo siempre he sido muy delgada, he estado a gusto con mi cuerpo, con mis estudios o trabajo y  he pasado olímpicamente de las modas. No me hacía falta ponerme la etiqueta de “real” para sentirme más o menos mujer.

Pero algo viene cambiando en mí desde hace unos meses. Mi cuerpo. 

El domingo pasado, se me ocurrió meterme en un pantalón de Stradivarius de la talla 38, vamos, mi talla de toda la vida. No me cerraba un botón, así que dije: “bueno, no pasa nada, cojo la 40”. Esta vez, el pantalón sí cerraba, pero me sentía apretadísima (y no era un skinny – a todo esto, ¿recordáis cuando les llamábamos pitillos?). Por la talla 42 ya no quise pasar.

Entonces, ¿ya ha pasado mi edad para vestir de Stradivarius? Me probé otras prendas, me resaltaban la barriga, me apretaban brazos…y todo esto, cuando por primera vez en mi vida, el médico dice que estoy en mi peso ideal. ¿Por qué me siento entonces deforme? La barriga, las caderas, el culo, los muslos…todo se ha desproporcionado con respecto a mi antigua silueta y, poco a poco, voy transicionando hacia “una mujerona”.

Probablemente, si hubiera mirado en otra tienda, no me habría planteado tantas cosas, pero el lunes empecé “dieta”. Me he quitado el pan, las gaseosas y los postres en las comidas. A partir de ahora, fruta, agua y el pan (con aceite) sólo para desayunar.

Y me dirás, ¿todo por Stradivarius? No. Todo porque no me veo, este cuerpo nuevo no es MI cuerpo.

¿Y esto me hace menos mujer real? Porque yo entiendo que las mujeres reales se quieren a sí mismas aunque no entren en su talla habitual. Las mujeres reales abrazan sus curvas y, si no les gustan, hacen ejercicio para quitárselas. ¿Me falta autoestima? ¿Me falta motivación para apuntarme – e ir – al gimnasio?

Si nos centramos en la parte de la autoestima, hay algo que me gustaría comentar. ¿Os habéis dado cuenta de que los problemas de autoestima en cuanto al físico son más de mujeres? Y por favor, que nadie me llame machista por esto. Simplemente creo que somos muy susceptibles con nuestro cuerpo, mientras que los hombres quizás lo son más en temas de deporte o trabajo. Y con esto tampoco quiero decir que nosotras no lo seamos en otros ámbitos.

Sin ir más lejos, hace unas horas salí de una sesión de coaching que impartían en mi trabajo. La sesión estaba centrada en comunicación laboral, si bien tenía una primera parte de autoconocimiento en la que debíamos escribir nuestras metas y, a continuación, aquellas frases que nos decimos “para no cumplirlas”. Os pongo mi ejemplo:

Meta: En unos años, dejar de lado la parte más técnica de mi profesión para pasar a realizar labores de gestión.

Frases destructivas: “Es muy difícil ascender” .

  • “Habrá gente más preparada que yo”.
  • “Primero hay que ser un buen técnico”.
  • “No soy buen técnico”.

Debo decir que esta última, al escribirla, me destrozó un poquito. ¿Por qué no me veo buena en mi trabajo? 

Porque me falta la actitud que desprendían el resto de mis compañeros. Ellos se veían buenos en su trabajo y sus frases negativas iban más encaminadas hacia la empresa o hacia sus habilidades comunicativas, pero nunca hacia la parte técnica del trabajo.

Dicho todo esto, os he dado ya muchas pinceladas de información aparentemente inconexa, así que voy a concretar:

Ser una mujer real es una cuestión de actitud. No se trata de ser gorda o flaca, ni de ser jefa o una empleada más. Una mujer real lleva una actitud de “mira, aquí estoy yo, esto es lo que tengo que ofrecer y no me importa si es perfecto o no”. Pero aún así, una mujer real puede tener miedo, sentirse insegura o dudar de lo que quiera. Una mujer real conoce sus defectos e intenta mejorar por y para ella, para sentirse mejor consigo misma, con su trabajo o familia. Y sobre todo, lo que una mujer real debe hacer, es recordar siempre qué es lo que la ha llevado a dónde está y enorgullecerse de ello…o cambiarlo.

¿Estáis de acuerdo conmigo? ¿Qué otras visiones de las mujeres reales tenéis?

M.

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