Aprendiendo a escribir textos: ¿Cómo escribir un texto académico?

¡Buenas tardes!

Es lunes otra vez y seguimos con mi trilogía de escritura. Hoy es el turno de los textos académicos.

Será un poco más breve que la entrada anterior porque, como sabéis, mi último texto académico fue la memoria de mi TFG, ¡y ya ha pasado un año de eso! Así que me voy a centrar en daros pequeños trucos que me ayudaron a lo largo de mi carrera, y que ahora que se acercan los exámenes finales o la selectividad os pueden venir muy bien 🙂

¡Empezamos!

Contarlo todo vs contar poco pero bien

Los siguientes párrafos, aplican a todo lo que veremos después, así que estad atentos 😉

El objetivo principal de un texto académico es que el profesor o tribunal que nos va a evaluar vea todos los contenidos que sabemos. Y esta es la principal dificultad de escribir un texto de este tipo, ya que podemos terminar “vomitando” conocimientos sin ninguna estructura.

Debemos tener en cuenta que los profesores suelen preferir calidad antes que cantidad. Es decir, si de un tema de 10 puntos te sabes 6, explótalos lo mejor que puedas: relacionándolos, aportando más detalles de cada uno, utilizando un lenguaje simple y claro, etc.

Por el contrario, si te sabes todos los apartados del tema que te ha tocado, no los escribas tal cual venían en tus apuntes o en aquella página web, dales tu toque personal para que se note que te lo has aprendido y que no es pura memoria.

Da toda la información necesaria para que se entienda tu idea

Cuando escribía la memoria de mi TFG, tenía que explicar el funcionamiento de un proceso de investigación que afectaba a dos disciplinas distintas pero íntimamente relacionadas (la Medicina y la Ingeniería). El tribunal lo leería y después haría sus preguntas durante la defensa, por tanto, me convenía que el texto fuera lo más claro posible para evitar preguntas complejas en mi exposición. ¿Cómo conseguirlo?

Presentándoles toda la información necesaria en el momento oportuno. Por ejemplo, si nos vamos a meter de lleno en la obtención de muestras de laboratorio, expliquemos primero para qué las necesitamos. Sigamos diciendo cómo las obtenemos, por qué hemos elegido ese procedimiento y no otro y, por último: qué hacemos con ellas.

Una buena forma de comprobar si nuestro texto se entiende, es dárselo a leer a alguien de nuestra familia o amigos que no tenga conocimientos sobre el tema. Si ellos lo leen sin problemas, está todo hecho 😉

libros

Presta atención al lenguaje

Si hay un pecado en la escritura académica, es el de cometer faltas de ortografía. Puedo entender que en un examen a veces se nos escape una tilde o una hache, pero si el texto lo preparas en casa para entregar, como mínimo merece una revisión ortográfica.

Tampoco conviene ser demasiado coloquial, ni mucho menos querer usar palabras rimbombantes sin conocer su significado, porque corremos el riesgo de acabar diciendo todo lo contrario a lo que queremos.

Todo esto que te acabo de decir, también debemos tenerlo en cuenta si estamos escribiendo en otro idioma. Por ejemplo: no usar contracciones o tener cuidado con la pasiva en inglés, repasar bien todos las tildes de las palabras francesas…

Los apuntes

Yo soy la loca de los apuntes, así que no podía dejar pasar la oportunidad de hablar de ellos.

estudiando

Aquí las normas son otras. Se trata principalmente de que tú entiendas lo que tienes que aprender. Cualquier método es válido. No hay nada de malo en usar abreviaturas, comerte letras, tildes o en que las ideas no tengan un orden, total, una flecha puede atravesar la hoja y llegar hasta el párrafo que te interesa.

  • Lo que yo hacía era tomar apuntes en clase (ir escribiendo o dibujando lo que hiciera falta) y después, en casa, completarlos con el resto de material que dieran los profesores.
  • En cuanto a códigos de colores, que ahora están muy de moda, utilizaba un color por asignatura para subrayar títulos y cosas importantes. Si algo era más que importante, es decir, pregunta de examen, utilizaba el subrayador amarillo.
  • Por último, para las dudas, usaba un lápiz  porque después lo aclararía con el profesor o compañeros y podría borrarlo.

En cuanto a los ejercicios (matemáticas, física…), solía utilizar un cuaderno para todos. Si bien los apuntes de teoría los tenía en hojas sueltas, para los ejercicios me resultaba más cómodo tenerlos agrupados y sin pérdida.


¡Y hasta aquí llegan mis consejos de hoy! La semana que viene terminamos con esta trilogía hablando sobre correos de trabajo, va a estar muy interesante, ¡ya veréis!

Feliz semana,

M.

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