El azul intenso del verano.

Primer lunes de septiembre y yo tengo la necesidad de seguir hablando del verano, al menos por unos días más. Así que si me lo permitís, con la siguiente reflexión cierro el ciclo estival de 2018:

Me crié con la convicción de que “el verano de verdad” era el de los anuncios de cerveza: amigos, playa, conciertos y muchas risas.

De niña, verano tras verano veía como mis compañeros de clase se iban de vacaciones a lugares varios, mientras mi familia y yo nos quedábamos en la ciudad.

A mediados de julio ya solía estar cansada de tantos días libres y horas de sol, anhelaba que empezaran las clases otra vez para dejar de lado las mañanas maratonianas del Príncipe de Bel-Air y las tardes de ventilador jugando con el Photoshop.

heladito

El caso es que con los años, esos veranos vacíos de estudiante, en los que te dedicabas a jugar, quedar con amigos o aburrirte, te van pareciendo verdaderos lujos.

Este mes pude disfrutar de 3 semanas de vacaciones. Desde que trabajo, es la primera vez que me voy tanto tiempo seguido, y la verdad es que me sirvió para disfrutar de cosas que pensé que no volvería a vivir. Durante una de esas tres semanas estuve con mi familia en mi querida Galicia: nos reunimos los 6 después de ya no sé cuántos años.

Compartí habitación con mi hermana y recordé cuando de niñas nos llevaban a la playa, con todos los cubos y palas posibles, para terminar siempre en el agua congelada del Atlántico, bajo la atenta mirada de mis padres, que no sé cómo consideraban eso un descanso. ¿Y qué me decís de los bocatas de madre, arrejuntados en la neverita? Qué ricos estaban…yo sólo diré que este año también me comí alguno.

Mis otras dos semanas de vacaciones las pasé en el Mediterráneo junto a mi pareja, con quien también empiezo a tener recuerdos veraniegos como las panzadas de helado, los largos paseos por la playa, las conversaciones, la limonada fresquita al volver de la piscina, el CD con la música “del momento” que ya no puede faltar año tras año…

toallaplaya

El último o penúltimo día que estuve en la playa tuve una revelación. Hacía bastante viento, así que el calor era soportable. Mi chico estaba en el agua y yo tumbada en la toalla, y entonces miré al cielo: estaba completamente azul, como en los dibujos. Ni una nube, ni un rastro de un avión, ni una cometa…nada que perturbara ese azul intenso.

Y ahí me di cuenta de que el verano no es sólo cerveza, amigos, playa, conciertos y muchas risas. El verano también es disfrutar del cielo, del sonido del mar, de verte la piel más morena, de no llevar 20 capas de ropa, de comer fruta fresquita cuando hace calor, de levantarse a cualquier hora, de dormir la siesta con el ventilador, de no preocuparse por lo que estás engordando porque en septiembre “irás al gimnasio”…El verano es tiempo de reencontrarse con la pareja, con la familia y, sobre todo, con uno mismo.

Y para ti, ¿qué es el verano?

M.

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